LA VOZ DEL AFICIONADO

(Daniel García Gutiérrez) 

 

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EL   TORO  BRAVO.

 

Habiendo cumplido recientemente mi sesenta aniversario como aficionado a los toros, de los cuales viví diez como abonado en la Plaza de la  Maestranza de Sevilla, entre los años setenta y ochenta, deseo hacer unos comentarios sobre mis recuerdos y el estado actual de la Fiesta Nacional.

Mis primeros recuerdos son del principio  de los años cuarenta del siglo pasado, en la posguerra, festivales a beneficio del Hogar del soldado en la plaza de toros de la Merced de mi Huelva natal, donde toreaba, entre otros Rafael el Gallo y rejoneaba Juan Belmonte.

He sido siempre en el argot taurino, más torista que torerista, con la debida excepción de Curro Romero. En este medio siglo largo he visto muchas buenas novilladas y corridas de toros y también muchísimas malas, no he encontrado otra formula para ver las buenas, que verlas todas.

La segunda mitad del siglo XX, se ha caracterizado por los grandes cambios efectuados en las actividades de la vida diaria, costumbres, medios de transporte y comunicación etc. etc. De las crónicas taurinas del Dígame ò el Ruedo a las retrasmisiones en directo por TV de las  “Isidradas” de estos últimos años por Canal+ y Digital, viéndose cantidad de detalles que nunca habíamos visto desde el tendido, hay un gran trecho, que se ha recorrido en muy poco tiempo.

Sin embargo existe una cierta confusión ò mal empleo de los términos sobre las características de los toros de lidia. Con frecuencia se lee ù oye a los periodistas taurinos hablar de toros con poca raza, bajos de raza è incluso sin raza. ¿No se que animales serán?.

Todos los toros que yo he visto y han sido unos miles, han sido siempre corni-delanteros ( cuernos que nacen de la parte anterior del hueso frontal, en sus diversas formas ) y de raza bovina, ni poca ni mucha, simplemente toda, sin nada de otras razas, caprina ni ovina.

Dentro de la raza bovina hay diversas variedades, dependiendo de múltiples factores y circunstancias, y entre ellas esta el toro bravo ò toro ibérico que es propio de la Península ibérica, sur de Francia y desde el siglo XVI,  llevados por los españoles a  Méjico y varios países sudamericanos.

La característica principal de este toro es su agresividad, la capacidad de responder

 a un estimulo visual que se le pone por delante atacando por derecho en lugar de huir que es lo que hacen la mayoría de los mamíferos, cuadrúpedos, herbívoros, etc. ante la presencia del gran depredador de este planeta, el hombre.

Esta forma de conducta tiene su base anatomo-fisiologica en el cerebro, concretamente en determinadas estructuras del lóbulo temporal. Este hecho fue demostrado a mediados del siglo pasado por el Dr. Rodríguez Delgado, eminente investigador y neurofisiólogo en la Facultad de Veterinaria de Córdoba.

El Dr. Rodríguez Delgado formado en los Estados Unidos donde trabajo durante años en investigación neurofisiológica y a partir de los años setenta como Jefe del Departamento de investigación neurofisiológica en el Hospital Ramón y Cajal  de Madrid, entonces recién ignagurado y por cierto tan rondeño como el Niño de la Palma. Implantando micro electrodos, mediante una pequeña intervención neuroquirurgica en los lugares adecuados del cerebro de unos novillos y que se podían activar ò desactivar a distancia mediante ondas de radio. Cuando se estimulaban esos núcleos cerebrales el animal se excitaba y acudía acometiendo a un estimulo visual, algo que se movía delante del mismo y lo seguía una y otra vez, si se desactivaban,  el animal se quedaba parado, pasota y pastueño. Esto es la casta brava, lo que caracteriza al toro bravo, que acude a la llamada y persigue con la cabeza baja a pocos centímetros del suelo y de los engaños, capote ò muleta, una y otra vez de forma reiterativa, la elegancia, la gracia, el arte de manejar los engaños, en definitiva el parar, templar y mandar corresponde al torero. 

Esta característica de estos animales es hereditaria y genética. Durante años todas las ganaderías de reses bravas han tratado de conservar y potenciarlas, con resultados no siempre todo los buenos que se desearía, basados en la observación del comportamiento de los animales, siguiendo reglas un tanto empíricas ò un tanto simplistas para lo complicado que es la genética, como que de padre bueno y madre buena tiene que salir producto bueno.

Lo que si podemos decir es que la sangre no tiene ningún papel en estos procesos, mas que ser la transportista de múltiples elementos celulares, químicos, bioquímicas, etc. etc. con los que el cerebro recibe y manda información a todas las partes del organismo, es la Seur del cuerpo de los animales superiores incluido el hombre y forma parte de un sistema llamado cardiovascular y que esta formado por un órgano muscular con características especiales y que funciona como bomba aspirante impelente, el corazón  y una serie de tubos ò vasos por los que circula la sangre.

Todas las influencias que sobre la conducta, carácter, comportamiento, sentimientos que siglos pasado se atribuyeron al corazón y a la sangre no se pueden mantener en el siglo XXI, simplemente porque eran falsas. Cuando hoy decimos de alguien que tiene un buen corazón, estamos diciendo que tiene una buena bomba aspirante-impelente para que la sangre le circule bien en su organismo y nada mas.

En el ultimo cuarto del siglo pasado los bodegueros españoles  en feliz colaboración de nuevas generaciones de enólogos, consiguieron que en España  actualmente sea muy difícil encontrar vinos malos, pienso que de igual forma los ganaderos de reses bravas con la colaboración de neurofisiólogos veterinarios y especialistas en genética, podían conseguir que esa media docena escasa, de perdonados ò indultados por bravos, que hay a lo largo de toda la temporada aumentaran de forma significativa, llegando al menos a un 25-30% de los lidiados en el  año, no estoy hablando de Tauroficcion sino de algo que puede estar ahí, a la vuelta de la esquina. 

 

Daniel García Gutiérrez.

 


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