LA VOZ DEL AFICIONADO
( Francisco Jiménez Navarro)
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LA FIESTA EN DECADENCIA:
ENTRE TODOS LA MATARON....
Como aficionado me
dirijo a su programa del que soy fiel oyente para colaborar en mi desacuerdo
con la actual situación por la que atraviesa nuestra Fiesta y Uds. en sus
programas radiofónicos lo corroboran sábado tras sábado.
Cuantas veces hemos
oído decir que nuestra Fiesta evoluciona con el paso del tiempo, evolución que
ha mantenido en los aficionados sin excepción una gran preocupación, teniendo
en cuenta la monotonía actual y considerando siempre que los años precedentes
fueron mejores.
Particularmente, comparto
a medias esta idea, aunque estoy convencido de que hoy se torea mejor que
nunca, eso sí, cuando se torea, por que ni en todas las corridas se ve torear,
ni todos los diestros lo realizan con la frecuencia que los aficionados
quisieran.
En mas de una ocasión
hemos comentado como peligro inminente para su desaparición a esas campañas de
antitaurinos que quieren privarnos de algo tan nuestro como son las corridas de
toros. Aunque nos molesta sobremanera, es normal que esto se haga desde fuera,
dada la poca defensa que desde nuestras instituciones se hace de lo español,
pero lo indignante es, que el mal que ataca a nuestra Fiesta se haga desde
dentro de su propio seno, poniendo su existencia en verdadero peligro de
desaparición.
Este espectáculo,
desde hace años, se ha convertido en un importante negocio para aquellos que
están inmersos en este entramado, manejándolo, con los problemas que sobre él
han vertido sus mercaderes.
Si nos atenemos al
número de festejos que se celebran al cabo del año, aparentemente nuestra
Fiesta está en un momento de máximo esplendor, generando los más sustanciosos
beneficios de toda su historia, pero en mi opinión, tras esta apariencia, se
oculta, algo tan importante como es la concepción de la materia prima, el TORO
y la permanencia de los cánones más clásicos del arte del TOREO.
Refiriéndome al TORO,
en la mayoría de los casos carece de bravura, y principalmente de fuerza, lo
que conlleva a la pérdida de sus cualidades esenciales, RAZA y PODERIO,
alterando la LIDIA con la consiguiente pérdida de vistosidad para el
espectáculo.
¿ Ha sido la
selección en las ganaderías?. La causa principal de la decadencia en la
bravura, faltándole al TORO las condiciones físicas y temperamentales que
representa. Hemos de tener en cuenta, que una corrida de toros sin emoción,
carece de la importancia que como tal, debe comportar, pues si el toro carece
de la edad necesaria, la ferocidad de su propia casta y la integridad que la
Naturaleza le otorga, la corrida no pasará de ser una pantomima, una parodia.
Ahora bien, no
echemos sólo la culpa al ganadero, que demasiadas han sido las suyas y
demasiadas veces fue el único “MALO” en esta película. Ya se ha hablado en
muchas ocasiones del afeitado, las caídas, la droga, como causas que
desacreditan a la fiesta, verdaderas y muy graves por cierto.
Pero, en la
actualidad hay otro mal, tan peligroso como los anteriores, y es a mi modesto
entender, la falta de profesionalismo entre los toreros, que se han dejado
llevar por el consumismo que invade nuestras plazas, repercutiendo en la
evolución y en la tan de moda hoy CALIDAD del espectáculo.
Hoy a la mayoría de
los toreros que conforman el escalafón, les importa más la CANTIDAD de
contratos que la CALIDAD de sus faenas. Parece que, para muchos, lo más
importante sea sumar y sumar corridas, aunque sean estas de utreros adelantados
y carentes de lo más elemental en un toro, su aparente peligro. Ya que para
torear los adversarios de casta y tener lucimiento con ellos, hace falta
cabeza, oficio y entrega, o ¿ se puede soñar en ser figura del toreo sin tales
condiciones?
En la fiesta brava,
el toro pone la emoción y el torero el arte, y los dos reunidos contribuyen a
su grandeza; si uno de los dos falta, el espectáculo se va .... donde todos
estamos pensando.
Torear es, desde mi
punto de vista como aficionado, “lidiar un toro con intención estética, no como
se hace hoy, combatiendo con intención comercial.” Es la misma diferencia que
existe entre el amor y la prostitución.
La lidia ha quedado
reducida hoy a la más mínima expresión. Se ha minimizado la suerte más
importante, la de varas, con desastrosas actuaciones de los del “castoreño”,
salvo muy pocas excepciones, legalizándose por así decirlo el monopuyazo
asesino, tapando la salida a los toros en las dos entradas al caballo, cuando
de plaza de primera categoría se trata.
Con tal motivo, han
desaparecido los quites, y en su consecuencia el toreo de capa, tan necesario
para la lidia como para la vistosidad del espectáculo, quedando reducido hoy a
la simple función de brega o lamentablemente, a la intervención de trámite de
los espadas en sus respectivos toros, con vulgares chicuelinas o inesperadas e
inexpresivas verónicas casi siempre, rematadas con “medias” que en nada se
parecen al autentico remate con el que deberían ser abrochadas.
El segundo tercio, el
de banderillas, en el que se debe de probar la fuerza del toro, a la vez que se
le descongestiona de la lucha con el peto y el caballo, casi inexistente, queda
reducido al lucimiento de los espadas banderilleros, en corridas previamente
organizadas con matadores de este corte, privándose del lucimiento a los
subalternos, entre los que abundan un numero bien nutrido de rehileteros, por
si ello va en detrimento de su jefe de cuadrilla.
Así las cosas,
únicamente nos queda el tercer tercio, el de la muleta, fin principal para el
que va dirigido el toro actual, pero carente también de su punto fuerte, la
suerte de matar. Hoy se busca más la eficacia que la belleza, siendo muy pocos
los espadas que conjugan una buena faena con una gran estocada.
Como ejemplo de lo
expuesto, tenemos la última feria madrileña de San Isidro. Corridas y más
corridas; toros, toritos y toretes, según el espada de turno que haya de
lidiarlos. Inhibición o apatía en muchos o casi todos los llamados figuras y,
al final de cada tarde, indignación en el sufrido aficionado.
¿ DE QUIÉN ES LA
CULPA ? Me pregunto una y mil veces.
Y mi respuesta es. De
todos.
GANA DEROS, al servicio
de sus consumidores.
EMPRESARIOS, más
preocupados por el negocio que por la afición.
APODERADOS, más
dispuestos a servir a las empresas que a los toreros que administran.
Todo ello unido,
formando un complot contra el AFICIONADO, que siendo quién paga, nada cuenta.
Pero ¿ Qué “pintan”
en este tinglado, VETERINARIOS, PRESIDENTES y CRÍTICOS? Saque cada uno, su
propia deducción.
Hagamos una reflexión
y aportemos cada uno, en lo posible, nuestro granito de arena para salvar
nuestra fiesta.
Si a pesar de todo,
persisten en su ceguera, acabarán con la afición, que es en definitiva, quién
tiene la última, la verdadera palabra, y al que entre todos están intentando
echar de las plazas, y que de seguir así, lo van a conseguir.
Como aficionado, no
puedo permitir ni un minuto más que la fiesta siga estando estandarizada,
influenciada por el consumismo actual que invade las plazas, degenerando la
pureza y la calidad de este espectáculo tan nuestro.
Estamos obligados los
aficionados a salvaguardar lo mejor de una FIESTA, que siendo única,
ciertamente bárbara y en alguna que otra ocasión sangrienta, es como dijo
García Lorca, “ALGO MUY IMPORTANTE EN LA RIQUEZA MAYOR Y VITAL DE ESPAÑA”.
Un aficionado,
decepcionado de los toros, hoy.
Francisco Jiménez Navarro.
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