LA VOZ DEL AFICIONADO

( Lorenzo Ruiz)

 

 

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NO AL INDULTO

 

En relación al trabajo titulado “La injusta muerte de un toro bravo”, decir que me parece un abuso administrativo, que se sacrifique un toro de lidia sin ser lidiado y sin comprobar previamente si el mismo padece o no alguna enfermedad.

 

NO ESTOY DE ACUERDO, con el mensaje que dicho trabajo pretende transmitir, respecto al indulto del toro bravo, por las razones siguientes:

 

1º.- Creo que la búsqueda de sementales para padrear en una ganadería, debe realizarse en la soledad de la dehesa, atendiendo a un único interés como es la casta y la bravura.

 

2º.- El decidir qué animal debe utilizarse como semental en una ganadería, debe corresponder sólo y exclusivamente a ganaderos y conocedores de la misma, únicos y exclusivos técnicos con competencia para saber en todo momento qué producto se desea conseguir, atendiendo a reatas o familias, raza, trapío y comportamientos.

 

3º.- La plaza de toros no es lugar idóneo, para valorar si por su trapío y comportamiento a lo largo de todos los tercios un toro merece ser indulto o no, puesto que a ella concurre siempre el interés de toreros y público, el primero en el deseo de conseguir una tarde de triunfo, y los demás en la mayoría de las ocasiones, de ser testigos de un momento de triunfalismo.

 

4º.- Porque el indulto actualmente, viene a estar concebido, como un triunfo del torero y no del toro y de la ganadería, habiendo matadores especialistas en indultos, los que con su técnica y a lo largo de toda la lidia, consiguen la mayoría de las veces, maquillar la falta de fuerza y otros defectos del animal a indultar, llegando incluso a interesar del publico la petición del indulto por medio de gestos y desplantes. Como muestra el trabajo aludido al principio y que da pié a estas consideraciones. El toro debe conseguir su perdón, por sí sólo y no dependiendo del torero que le lidie de muleta.

 

5º.- El aficionado no debe tener otra misión y responsabilidad en el espectáculo, que el abono de su entrada, manifestándose en todo momento a favor o en contra de lo que presencia y si esto fue de su interés o no, mostrando con su masiva asistencia a la plaza, su predilección hacia una ganadería concreta y reprochando con su ausencia, el mal trabajo ganadero. Debiendo dejar la selección ganadera, en manos de las personas que tienen la obligación de poseer los suficientes conocimientos como son conocedores y ganaderos, quienes por eso cobran.

 

6º.- Por ultimo, quienes pretende defender el indulto en la plaza de toros, como premio y reconocimiento a una labor ganadera, decir que el perdón de la vida a un toro en la plaza, más que un galardón en reconocimiento al buen hacer de ganaderos y conocedores, representa la evidencia más palpable de la incompetencia de los mismos, puesto que se deja al descubierto el importante fallo de selección cometido, al desechar un animal enviándolo a la plaza, que posteriormente un público lego en la materia, descubre como excelente semental.

 

En cuanto a los demás toros que se nombran en el trabajo “La injusta muerte de un toro bravo”, no me manifiesto, porque desconozco su lidia. Ahora bien, respecto a “LANGOSTO” toro de la ganadería de don Juan Pérez-Tabernero, cuya lidia el pasado día 8 de octubre de 2004, en la Plaza de Toros de Montoro (Córdoba), sí presencié, indicar que no fue un toro merecedor de indulto; y no lo fue, no ya por ser lidiado en una plaza de tercera categoría, que tiene prohibido reglamentariamente tal distinción o porque diera con un cacique* al que no le tembló la mano a la hora de cumplir con su obligación, como se describe de forma ordinaria, denigrante e injusta en el trabajo referido, sino porque estuvo muy justo de presentación y fuerza, recibió un solo puyazo tapándosele la salida y se dolió en los dos pares de banderillas que le pusieron, no siendo por tanto, su comportamiento a lo largo de toda su lidia, el adecuado para merecer dicho premio. Además en la muleta, al principio le costó romper y echarse adelante, yendo a más y más, gracias al poder, la experiencia, la técnica, la torería y las ganas que aquella tarde derrochó Finito de Córdoba, maestro de maestros. El cual, una vez más que mediada su faena, pensó en su indulto, a la vista de la nobleza e insistente embestida del animal, comenzando a gesticular para que se le perdonara la vida, olvidando y haciendo que el publico olvidara, que para ese tipo de toros, que destacan en la muleta de manera extraordinaria, existe un premio reglamentariamente instituido, como el de la vuelta al ruedo. Y esto, no sólo por la humilde opinión de un aficionado en periodo de aprendizaje taurino como es mi caso, sino porque así lo expresaron algunos artículos y crónicas de aquellos días.  

El día que los aficionados quedemos totalmente convencidos, que el futuro de la ganadería brava, pasa sólo y exclusivamente en el desenlace de una extraordinaria faena de muleta, ofrecida a ser posible en una plaza de tercera categoría, por un excelente matador de toros especialista en indultos, que se relajen quienes pretenden acabar con la fiesta, porque seremos nosotros mismos quienes le demos la puntilla.

 

Lorenzo Ruiz.

 

* P.D.: cacique: Este calificativo me suena a plagio, ya que fue utilizado con anterioridad en otra ocasión similar, para desprestigiar la labor de un equipo presidencial que supo cumplir escrupulosamente con su obligación, por cierto personaje que se autocalifica como cronista taurino, el que sospecho que pudiera estar detrás, de todo el cuento, objeto de debate.

 


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