LA VOZ DEL AFICIONADO
( José Antonio Risoto Espín)
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LA INJUSTA MUERTE DE UN TORO BRAVO
“Sacrificado
en la Plaza vallisoletana de Íscar el día 1 de marzo de 2005 en virtud de la
Instrucción de la Dirección General Agropecuaria de la Junta de Castilla y
León, SSA 1/2005 de 15 de febrero y orden APA/245/2005 respecto de los movimientos
para sacrificio de vacuno, que consideran las plazas de toros como simples
mataderos”.
¿Suena frío amigos aficionados? Pues suena tan frío
como mis últimas horas de vida encerrado en uno de los chiqueros de esa
preciosa pero gélida plaza castellano leonesa de Íscar. Aunque parece feo
empezar mi historia por el final y sin haberme presentado, por lo tanto vayamos
por partes.
Nací en septiembre del año 2000 en la preciosa finca
cacereña de “Moheda de Zalduendo”.
Era una estrellada noche del otoño extremeño que nunca olvidaré, lo mismo que
los cuidados de Lejana, la vaca que
me parió y de la que tomé mi nombre y del mayoral de la ganadería de Zalduendo, que a primeras horas del
alba ya me cogió en sus brazos para darme las primeras atenciones.
Durante mis casi cinco años de vida en esa maravilla
de dehesa no he parado de recibir atenciones día tras día. Tanto Fernando, mi criador, como los
mayorales y hombres de campo que conviven con nosotros las 24 horas del día, se
desviven porque todo lo que hay a nuestro alrededor sea siempre de nuestro
agrado, que no exista ningún tipo de disputas entre nosotros, que nadie entre
en los cercados para molestarnos, en fin que
podemos considerarnos Los Reyes de
la Moheda. Además durante esos cinco años he tenido la suerte de convivir
junto a Ingrato, el 13, hijo de Tunante y de Ingrata que
salió por octubre de 2002 hacia la cercana Zafra
y que a los pocos días estaba de vuelta junto a nosotros, siempre me
gustaba escucharlo relatar como Antonio
Ferrera lo cuidó desde el principio y consiguió que la gente terminara
pidiendo un indulto que nadie llegó a discutir. También tuve la suerte de
compartir tertulia en más de una de esas largas y calurosas noches de verano
con Ganador, el 33, hijo de Libertino y Ganadora que salió camino de la sierra jiennense de Cazorla hasta
la bella localidad de La Puerta de Segura. Le gustaba contarnos lo templado que
se pudo ver aquella tarde al Cordobés
y las caras de la gente que había sentada en aquella pequeña portatil, llena
hasta la bola y que nunca olvidarán la obra que contemplaron sobre el irregular
ruedo habilitado para tal acontecimiento. Recuerdo que en una de las últimas
charlas con Ganador me dijo que él
tuvo la suerte de dar con un presidente sensible y amante de la fiesta a pesar
de ir a parar a una pequeña localidad y no ser lidiado en plaza de obra, suerte
que no tuvo el pobre Langosto al dar
con un cacique en la cordobesa localidad de Montoro al que no le tembló la mano a la hora de hacer sonar los
tres avisos, a pesar de los esfuerzos de todos los buenos aficionados que allí
se encontraban aquella tarde de octubre.
Pues así transcurría mi plácida vida en La Moheda hasta que a finales de
febrero de este año 2005 me embarcaron junto a otros 6 hermanos camino de
tierras castellanas para el mano a mano que iban a celebrar Enrique Ponce y Manolo Sánchez. Cuando supimos que el maestro de Chiva formaba parte del cartel y que
encima la mitad de nosotros caería en sus manos, aunque no os lo creáis dejamos
la finca con un ánimo distinto al saber que estamos en manos del Rey del Indulto. Por todos es sabida la
capacidad del maestro para encontrar ese punto de unión entre toro, torero,
público y presidente que tantas veces ha conseguido que muchos de nuestros
hermanos de otras ganaderías consigan volver a las fincas. Pues así pasamos el
viaje desde Cáceres hasta Íscar, para hacerlo más llevadero
repasábamos las historias que tantas y tantas veces hemos escuchado relatar a Invencible, Tunante, Farolero, Libertino, Ganador o Ingrato, nuestros
mayores y jefes de la dehesa, sobre Zafiro,
Tabernero, Anheloso, Bienvenido, Bondadoso, Culito,... nombres que a cada uno de vosotros os traerán recuerdos
de tarde grande, de tarde de momentos fuertes y de amor a la fiesta. Con todas
estas historias el viaje aunque pueda parecer largo a nosotros nos resultó un
paseo y sin darnos cuenta amanecimos en Íscar con un frío de perros y
dispuestos para el sorteo previo a la corrida.
Después del sorteo nos enchiqueraron y ya cada uno
por separado nos dispusimos a esperar la hora de la corrida. Esas son las horas
más difíciles, la soledad del chiquero te lleva a repasar momentos de los años
dejados en Cáceres y de lo que te
pueden deparar esos 20 minutos sobre el albero en los que tienes que
demostrarle a todo el mundo para lo que te han estado criando durante casi 5
años. Sueñas con esos nombres de hermanos indultados que antes os he nombrado o
cuanto menos, viniendo de donde vengo, con los de Jarabito o Becado,
deseas ser capaz de darlo todo en el ruedo para darle la razón y la gloria a tu
criador y a los que te han mimado durante estos años, pero sobre todo deseas
volver a la dehesa o morir en la plaza intentando ganarte la gloria de una
ovación en el arrastre. Con todas esas historias en la cabeza andaba yo cuando
suenan los clarines y comienza la corrida, trasiego de corrales, bullicio en la
plaza y el tiempo que pasa... que pasa y que sigue pasando y mi puerta sin
abrirse hasta que se hace el silencio otra vez, cae la fría noche y con ella se
van mis ilusiones. En la soledad de mi chiquero paso mis últimas horas
intentando buscar una explicación a lo que pasa, pero no la encuentro, ni Ganador, ni Invencible me habían contado este final en alguna de sus charlas de
las que tanto aprendí, cuando de pronto se abre una pequeña compuerta en el
techo de mi chiquero y baja una puntilla que me trae la muerte, así de fría y
en la soledad de los chiqueros de la plaza, sin gloria, sin público y sin poder
siquiera probar el olor de un capote o las caricias de una muleta. ¡Perra vida!
Me has tenido engañado durante estos años para tratarme de la peor de las
maneras posibles en mis últimas horas. Ni una ovación, ni un ole, ni un pañuelo
al viento, ni un sombrero de ala ancha, ni un clavel sobre el albero. Con este
recuerdo tan ingrato me voy en busca de Topinero,
Zurcidor, Comedia o Langosto, de
los que tanto he oído hablar y con los que quiero recuperar compartir aquí
arriba las tardes por ellos vividas y sus 20 minutos de gloria.
Solo una cosa antes de irme y sin que penséis que os
guardo cualquier tipo de rencor a ninguno de vosotros. ¿Dónde están los de las asociaciones protectoras de animales?
¿Alguno ha salido pidiendo una solución a la ministra de Medio Ambiente? Seguro que ni siquiera saben mi historia, la
historia de un bello animal que por la maldita lengua azul se fue para arriba
sin poder demostrar la bravura que llevaba dentro.
Número 26 de
Zalduendo
NOTA: Agradecer a D.
Fernando Domecq la amabilidad con la que me trató y la sensibilidad que
mostró al hablar de Lejano y sobre todo, a Luís
Miguel Parrado, por ser el único responsable de que los nombres aparecidos
en el artículo sean totalmente veraces. Gracias Maestro.
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